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Edgardo Ariel Epherra: retroceder nunca, rendirse jamás
La vida como viaje compartido
Por Ezequiel Ponce
Publicado en 18/01/2026 18:20
Editoriales O Algo

Hay nombres que se pronuncian como quien invoca una constelación secreta. Edgardo Ariel Epherra es uno de ellos. En Bahía Blanca, su ciudad natal y territorio simbólico, su nombre circula como una contraseña entre lectores, narradores, talleristas, oyentes de radio y curiosos que saben que, detrás de esa combinación de letras, hay algo más que un escritor: hay un proyecto vital hecho de palabras, encuentros y persistencia.

El título de este artículo, retroceder nunca, rendirse jamás, pertenece al imaginario del cine de acción y remite, inevitablemente, a las películas de Jean-Claude Van Damme, un héroe musculoso de la cultura pop, más cercano al golpe y la patada voladora que a la sintaxis y la metáfora. La distancia entre ese universo y el de Epherra podría parecer abismal, pero ahí reside precisamente el juego: los poderosos —en el arte como en cualquier otro ámbito— se apropian de palabras y frases hasta volverlas difíciles de rescatar en otros contextos. Sin embargo, algunas expresiones sobreviven a sus orígenes y migran hacia sentidos nuevos. En este caso, la frase funciona como un manifiesto íntimo, no de fuerza física, sino de persistencia creativa, de resistencia cultural, de fe obstinada en la palabra.

Edgardo Ariel Epherra desarrolla su trabajo cultural y literario desde Bahía Blanca, una ciudad fuera de los grandes centros editoriales y mediáticos, incluso de los medios locales que imitan a los poderosos y reproducen sus mismas lógicas sin tener su alcance real. Allí, la mayoría de los proyectos artísticos se sostienen por compromiso personal, trabajo constante y vocación, más que por respaldo económico o comercial. Desde ese contexto, él construye su obra y su actividad, conectando la universidad con la comunidad, los libros con la oralidad, y la escritura con la palabra viva.

Su obra recorre cuentos, crónicas, poesía, microficción, literatura infantil y juvenil, y ensayo. Ha publicado libros como Pasiones sin retorno, Crónicas de intemperie, Contextos urbanos y otros títulos surgidos tanto de editoriales como de su propio espacio cultural. Pero reducir su identidad a una bibliografía sería un error de enfoque. Epherra es también lo que hace con lo que escribe y, sobre todo, lo que construye con otros a partir de la palabra.

Desde hace años dirige el Espacio de Letras El Aleph, un nombre que dialoga directamente con Borges: en su universo, El Aleph es el punto donde confluyen todos los tiempos y todos los espacios. En Bahía Blanca, este espacio creado en 1985 funciona como un nodo cultural donde se encuentran escritores, lectores, estudiantes, músicos, narradores, talleristas, curiosos y vecinos. Allí se realizan talleres literarios, presentaciones de libros, charlas, ciclos de lectura, cafés literarios y encuentros que producen cultura y comunidad. El hecho de que haya sido declarado de interés cultural nacional y se lo reconozca fuera del país habla del impacto de una propuesta sostenida en el tiempo, en un contexto donde la cultura suele medirse en métricas efímeras.

El Aleph organizó la Primera Feria Internacional del Libro de Bahía Blanca, que instaló durante 15 años a la región en la agenda cultural del país, con acceso libre y gratuito y espacios cedidos a entidades culturales y autores de la zona. Hubo stands de prestigiosas editoriales, y charlas de notables como María Kodama, Isidoro Blaisten, Osvaldo Soriano, Alicia Steimberg, Ana María Shua, Eduardo Aliverti, Hamlet Lima Quintana, Osvaldo Bayer, Elsa Borneman, Miguel Rep y tantísmos otros. 

Uno de los rasgos centrales de Epherra es su relación con la voz. Además de escribir y organizar espacios culturales, narra. Además de publicar, cuenta. Como narrador oral itinerante, integrante de redes internacionales de cuentacuentos y embajador de la palabra, concibe la literatura como un acontecimiento vivo. Para él, un cuento continúa su recorrido cuando alguien lo escucha.

 

 

Ese impulso por llevar la literatura más allá del libro encontró en los últimos años una nueva forma: la radio, el podcast, el audio como territorio creativo. Así nació —o estaba por nacer— 'Sobre Vuelos', un ciclo que él mismo define como programa enlatado, podcast o como se lo quiera llamar mañana. Alimentado desde sus pasiones por la literatura y la radio, el proyecto tenía un objetivo claro: promover la lectura y el libro desde un perfil dinámico, amigable y provechoso para todo público.

Antes de la inundación de Bahía Blanca, Epherra había acordado emitir este ciclo por FM de la Calle, AM Radio Universidad Nacional del Sur y FM Universidad Tecnológica, lo que garantizaba llegada a públicos humanísticos, técnicos y populares. Tres radios, tres mundos, un solo vuelo. La idea estaba lista, el espíritu encendido, pero el proyecto aún no había comenzado a producirse cuando ocurrió lo impensado.

La inundación fue un fenómeno climático y, para muchos, un naufragio vital. Para él, significó perder el estudio de grabación y edición que tenía montado en su casa, junto con equipos y archivos. El proyecto Sobre Vuelos no pudo despegar: no por falta de ideas, sino por exceso de realidad. Se le vino el techo encima, y no es una metáfora, es literal. No le tocaron los dos metros de agua, pero igual tuvo que volver a empezar, o mejor dicho, seguir de otra manera.

Aquí es donde el título de este artículo adquiere su sentido más profundo. Retroceder nunca, rendirse jamás. Lo que podría haber sido un punto final se transformó, con el tiempo, en una pausa. Hoy, Epherra ha recuperado el espacio y la logística, y va generando material con tiempo y por gusto. Planea comenzar a emitir pronto, en frecuencia semanal, con una duración promedio de 25 minutos. Está construyendo agenda con las emisoras. Además, proyecta alojar las entregas en plataformas de audio, redes sociales, blog, newsletter y canal de YouTube.

En paralelo a este renacer radiofónico, Epherra continúa con su presencia escénica. El 10 de abril inaugura su ciclo 2026 en el auditorio FANES de Bahía Blanca, con su show 'Contándolo bien', bajo el subtítulo 'A fondo con Edgardo Ariel Epherra y 20 historias que ni pensabas'. Un encuentro donde la palabra se vuelve protagonista, donde las historias se comparten en vivo, donde la literatura recupera su dimensión colectiva en una época de pantallas, scroll infinito y atención fragmentada. El autor promete cuentos de su repertorio clásico, otros nuevos que ofreció en recientes giras por La Habana, Tenerife y México DF, una sesión de 'microficciones a pedido' y brindis con el público. En mayo estará en la Feria Internacional de Buenos Aires y luego en gira por el país.  

Aquí aparece una paradoja fértil: Epherra trabaja con una materia antigua —el relato oral— desde una conciencia profundamente contemporánea. Comprende las lógicas de las redes, del podcast, de la circulación digital, de la comunicación viral, sin sacrificar profundidad por velocidad. Su escritura se inscribe en una tradición que va de los clásicos a los márgenes, de Borges a los narradores populares, de la biblioteca a la plaza, de la radio universitaria al café literario.

La referencia a Borges surge de una larga amistad de Epherra con María Kodama durante los años '90s (la Fundación que presidía auspìció la Feria del Libro bahiense) , y por afinidad conceptual más que por imitación estilística: una concepción de la literatura como sistema de espejos, cruces, citas, tiempos superpuestos y lecturas infinitas. Epherra escribe desde una erudición que no se exhibe como trofeo, sino que se filtra en el tono, en las asociaciones, en las capas de sentido. Sus textos buscan resonar más que impresionar, apuntan a la persistencia más que al impacto inmediato.

Epherra no es un rockstar, viaja de otra manera, pero hay en su trayectoria algo del músico que recorre escenarios pequeños, arma su propio equipo, produce sus propios discos y sale a tocar sin esperar la llamada de la industria. Hay algo del espíritu independiente, del under, del “hagámoslo igual”.

Su trabajo está lejos de la improvisación. Está investigado, pensado, construido con rigor. Su formación académica se combina con su sensibilidad social. Su experiencia en talleres se traduce en pedagogía cultural. Su paso por la radio se convierte en narrativa sonora. Su escritura se transforma en oralidad, y su oralidad regresa, transformada, a la escritura.

La palabra clave de este artículo, Edgardo Ariel Epherra. Quien busca su nombre quiere saber quién es, qué hace, dónde está, qué escribe, qué proyectos tiene. Quien lo encuentra descubre algo más: una forma de vivir la cultura como proceso, como camino, como vuelo.

Hoy, después de la inundación, después de la pérdida, después de la pausa forzada, su figura adquiere un espesor nuevo. Es el escritor que publica libros, el narrador que cuenta historias y el hombre que vio cómo el agua es años de trabajo, y eligió reconstruir, planear, soñar, grabar, escribir y contar. Desde la reconstrucción, no desde el victimismo.

Retroceder nunca, rendirse jamás deja de ser una consigna vacía del pop yanqui para convertirse en ética, poética y política de la palabra. En un mundo donde la cultura suele ser lo primero que se recorta, lo primero que se posterga, lo primero que se vuelve prescindible, la persistencia de figuras como Edgardo Ariel Epherra es, en sí misma, una noticia. Una buena noticia. Una noticia necesaria.

Quizás, al final, importe poco si la frase viene de una película de Jean-Claude Van Damme, de un grafiti urbano o de una camiseta deportiva. Lo que importa es que, en la vida de Edgardo Ariel Epherra, esas palabras encontraron un sentido propio, lejos de las artes marciales y cerca de las artes narrativas. Porque hay combates que se libran con la voz. Y hay victorias que se celebran con lectores, oyentes, espectadores y comunidades que siguen encontrándose alrededor de una historia.

Así es como es escritor, con las palabras se gana la vida, en todos los sentidos de la frase. Y no lo hace desde una épica individual ni desde una lógica meritocrática: agradece a la universidad pública argentina por la oportunidad de haberse graduado viniendo de un hogar de trabajadores, y de allí nace también su idea de construcción colectiva, donde se mezclan países, clases sociales, saberes y diversidades. Desde su época de estudiante, todo logro personal es siempre una obra compartida.

Por eso, no eligió el tren del Indio, ni el avión de Charly, ni la balsa de Tanguito. Él viaja en colectivo. No va a la deriva ni paga un pasaje exclusivo. Su trayecto no tiene un rumbo fijo: se detiene, cambia de recorrido, suma pasajeros, deja otros en el camino. Avanza acompañado. Y en ese viaje compartido, las palabras siguen siendo su forma de sostenerse, de moverse y de estar en el mundo.

En Bahía Blanca, en la radio, en el escenario, en el aula, en el podcast, en el libro, en la voz. Allí está Edgardo Ariel Epherra. No retrocede. No se rinde. Sigue. Y, en ese seguir, nos invita a seguir con él.

 

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